Navidad en Mumbai

Diciembre16

Este año no volvemos a casa como el turrón, ni siquiera el día de la lotería; más bien llegaremos a la vez que las rebajas, justo cuando los buenos propósitos de año nuevo empiezan a flaquear, cuando los niños vuelven al cole y los reyes magos ya han vuelto a oriente…

Así que este año lo de “blanca navidad” lo vamos a sustituir por “navidad con aire acondicionado”, los turrones y polvorones los cambiaremos por barfi y kaju katli, y al menos evitaremos los horribles villancicos cantados por niños con voz de pito que suenan a todas horas por todas partes, ya que aquí eso no se lleva…

Puesto que es nuestra primera Navidad en Mumbai, no habíamos visto todavía a la ciudad prepararse para las fiestas. De hecho, creíamos que apenas se notaría, ya que la comunidad cristiana es minoría respecto a la hindu, pero claro, no contábamos con la globalización y la invasión de modas extranjeras y grandes marcas. A menos de diez días para Nochebuena, muchas tiendas ya tienen este aspecto:

Y claro, un día de pronto me doy cuenta que en nuestra mudanza nunca incluimos adornos de navidad ni nada parecido. Es lo que tiene hacer la mudanza en agosto y con muy pocos días de plazo. Sólo teníamos un pequeño Belén que traje en la maleta el año pasado, y un par de bandejas de plástico. Muy triste.
Para Jorge no suponía un gran problema, ya que no es amante de las decoraciones navideñas, si acaso sólo del belén, pero en mi caso, decorar la casa con árbol, belén, espumillón y mil chorraditas ha formado parte de la tradición familiar desde antes que pueda recordar, así que me daba pena perderme todo eso por primera vez.

Y un día de diciembre, paseando por las calles de Bandra, me encuentro con esto:

Una tienda de Navidad!! De adornos de Navidad!!

Así que sin pensármelo dos veces, entro, y esto es lo que me encuentro:

No me lo podía creer… ¡El paraíso de los adictos a la navidad en versión india! He de reconocer que, tras la emoción inicial, y mirando con más detalle, había muchas cosas que se echaban en falta, y algunas otras dejaban mucho que desear, pero puesto que ya me había dado por vencida en cuanto a lo de decorar la casa, no podía estar más contenta!!
(insertar aquí facepalm de Jorge ante mi descubrimiento!)

En fin, con un poco de maña, paciencia y unas cuantas rupias; esto es lo que hemos conseguido:

Incluso Jorge ha hecho un esfuerzo y ha colaborado en el montaje del árbol… ¡Qué bonito es el amor!

Es cierto que decorar el aire vestida con tirantes, bajo el aire acondicionado y sin los villancicos empalagosos que pone mi hermana, mientras mi otra hermana y mi hermano discuten por la estructura del árbol y mi padre se queja de que cada año que pasa el belén cuesta más de montar, es un poco más triste, pero a cambio, es la primera Navidad en la que decoro mi casa con mi chico, y será nuestra primera cena de Nochebuena juntos, así que, ¿qué más puedo pedir?

Pues sí, que nuestro sofá y nuestra mesa estuviese llena de toda nuestra familia y amigos, pero como sabemos que eso es muy difícil, nos conformaremos con los brindis virtuales hasta que volvamos a casa y lo celebremos en persona, pero mientras tanto… Feliz Navidad a todos!!!

Liveaboard in Similan

Noviembre12

Qué mejor forma de estrenar nuestro recién título open water que haciéndolo a lo grande, en un liveaboard, o lo que es lo mismo, un crucero de buceo, recorriendo Koh Similan.

El parque nacional de las islas Similan tiene una extensión de 128 km2, y se compone de nueve islas de maravillosas playas de arena blanca y grandes formaciones de rocas de granito, creando paisajes así de espectaculares

Para llegar hasta allí, volamos hasta Phuket, y apenas a 90km de distancia se encuentra Khao Lak, un pequeño pueblo orientado principalmente al buceo y puerta de entrada a las Similan; un lugar muy tranquilo donde pasamos un par de días después del crucero. Llegamos a media mañana, y esa misma tarde ya conocimos nuestra casa para los próximos días:

Fue la mejor elección: embarcar, cenar y navegar mientras dormíamos para llegar a primera hora del día siguiente a nuestro primer punto de buceo.

Un total de nueve inmersiones en tres días escasos, con una agenda así de apretada:

Para ser nuestro primer liveaboard la verdad es que disfrutamos muchísimo. A pesar de que Mila tuviese que pelearse con la flotabilidad en las primeras inmersiones (una que es novata). Siendo la primera vez que usamos una computadora, comprobamos que en todas las inmersiones sobrepasamos nuestro tope de 18 metros * (esto que no lo lea ningún profesional please!)

* pero nunca pasamos de los 19 metros, eh?

Además Jorge se estrenó con su primera inmersión nocturna, donde pudo comprobar lo diferente que es todo de noche, con una fauna marina muy diferente a la que se ve de día, y descubrió el plancton bioluminiscente.

Entre inmersión e inmersión nos dedicábamos básicamente a comer o a hacer el vago. ¡Nunca me han puesto tantos platos de comida al día como en ese barco! Y relajarse entre un punto de buceo y otro tampoco estaba nada mal!

Incluso con tiempo de visitar alguna playita de las islas, en las que apenas hay casi nadie

Es una lástima no tener fotos de las inmersiones, pero eh, aún no tenemos cámara, así que a ver si a la próxima se apunta Vicente, o si no, aceptaremos donativos de buen grado para poder documentar los próximos viajes.

Más que nada porque la próxima vez que nos crucemos con un tiburón leopardo, además de contarlo al subir, podremos fotografiarlo y ser la envidia del resto de compañeros del barco!!

Una vez en tierra firme de nuevo, sólo nos quedaba la parte final del viaje, hotelito de playa en Khao Lak, para volver a ser un turista más: el clásico combo playa-piscina y piscina-playa, pasear por las tiendas de la única calle de Khao Lak, cenar pescado en los restaurantes cercanos, etc… aunque también lo disfrutamos mucho!

Indonesia

Julio7

Llegamos a Bali por la noche, con el tiempo justo de dormir en un hotel cercano al puerto y zarpar a la mañana siguiente rumbo a Gili Trawangan.

Las islas Gili (Gili Meno, Gili Air y Gili Trawangan) están situadas entre Bali y Lombok. Son exactamente lo que te imaginas cuando piensas en una playa paradisíaca:

De hecho, en Gili Trawangan no hay coches, porque no hay carreteras. Para desplazarse uno tiene la opción de alquilar un carro tirado por un caballo o una bicicleta (un día alquilamos un tándem!), o lo más sencillo: caminar.

Nuestra escuela de buceo estaba cerca del lugar donde atracamos, así que fuimos caminando.
Es un lugar muy agradable, con unas pocas habitaciones y piscina para entrenar, donde podías desayunar con vistas

Allí comenzó nuestra nueva pasión: el buceo. De mano de Emilie, una francesa-catalana-argentina-australiana afincada ahora en Indonesia, con un español de acento indescriptible y la mejor profesora que podíamos haber encontrado.

Así que tras horas de teoría, prácticas en piscina, más teoría y más prácticas, llegó el momento:

Tras superar un pequeño problema inicial de compensación (adaptar los oídos a la presión) todo fue como la seda, y los aproximadamente 45 minutos de inmersión se pasaron volando. Jorge sin embargo no tuvo ningún problema, parece que había nacido para esto!

Esta fue la parte del viaje que sin duda, más disfrutamos. ¡Estamos deseando repetir! Pero tras cuatro días disfrutando bajo el agua, y con nuestro título de Open Water Diver bajo el brazo, volvimos a zarpar rumbo a Bali, para descubrir que, muy a nuestro pesar, no tenía nada que ver con las paradisíacas Gili Islands.

La zona que elegimos, tras darle miles de vueltas, fue Kuta. Gran error. Se trata de una zona llena de gente, McDonalds, coches, más gente, motos, KFCs, más motos… En fin, nada que ver con lo que nos imaginábamos, con una playa abarrotada, un timador en cada esquina, y calles estrechas por las que apenas se podía caminar.

En fin, como Bali es mucho más que playas, decidimos buscar alguien que nos guiase para visitar los rincones más pintorescos. Es increible como, después de tres años viviendo en India y considerándote un regateador aceptable, compruebes que no sirve de nada con los balineses. Nunca me he sentido más dolar con patas que aquí. De nuevo nada que ver con Gili.

Así que, habiendo conseguido finalmente un coche para los próximos días, pudimos visitar alguno de los templos más importantes de la isla, como el Templo Taman Ayun, el cual está rodeado de jardines y por un foso que lo rodea por completo.

También llegamos hasta el Templo Ulun Danu Batur, situado a orillas del lago Bratan, formado en el cráter del antiguo volcán Mount Catur, que se encuentra a unos 1.200 metros de altitud. El camino para llegar hasta ahí es espectacular, con el volcán como imagen de fondo, y con un clima fresquito que disfruté como una cría!

Y como no, visita obligada al Templo Tanah Lot y sus famosísimas puestas de sol

Bonito, eh? Lo que nadie cuenta en las guías de turismo es que para conseguir una foto parecida has de ponerte de puntillas. Esto es lo que en realidad se ve cuando estás ahí:

Claro, no vas a ser el único al que llevan a ver la puesta de sol. Ni la estación de Dadar en hora punta, oiga! Sin embargo, merece la pena soportar las hordas de gente para disfrutar de las increíbles vistas desde el acantilado.

Y lo mejor, después de un día de coche, era disfrutar nosotros solos de la piscinita del hotel. Y digo piscinita porque podías sentarte apoyando los pies en un extremo de la piscina y la espalda en el otro!

En realidad, y a pesar de todas mis quejas, Bali nos ofreció más cosas buenas que malas, como todos los paisajes que habéis visto, o como el chicken satay, los garitos donde fumar sheesha, hamburguesas de ternera, y la increible fauna humana que a mi particularmente me encanta observar y a Jorge escucharme describirla!

Aquellos que tengáis tiempo de sobra y no sabéis en qué emplearlo, podéis ver las fotos del viaje aquí. Al resto, ¡hasta la próxima!

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