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Good morning Vietnam!!

Noviembre12

Hasta ahora no habíamos tenido la oportunidad de realizar un viaje largo, así que después de un largo año en el que sólo habíamos disfrutado de una semana de vacaciones y algún que otro puente; había llegado el momento de resarcirse con un viaje que teníamos muchas ganas de hacer: Conocer Vietnam y los templos de Angkor.

Pasamos mucho tiempo valorando un montón de opciones, viajes organizados, rutas recomendadas, etc. Al final sacamos nuestra vena aventurera y decidimos viajar por nuestra cuenta, sin ninguna agencia que organizase el recorrido a costa de agujerear nuestro bolsillo. Por tanto, con los vuelos comprados y los hoteles reservados, aterrizamos en Hanoi, y en menos de media hora ya teníamos nuestras tarjetas SIM vietnamitas y un amable guía con coche que nos dio una vuelta por la ciudad, a cambio de que visitásemos su agencia más tarde para ver si estábamos interesados en alguno de los tours que ofrecía.

Tomamos Hanoi como base durante unos días para visitar sitios cercanos, como la Pagoda del Perfume, Tam Coc o la Bahía de Halong.

La Pagoda del Perfume, a unos 60km de Hanoi, es un templo enclavado en una gran cueva, al que se llega en barca a través del río Day.

Ese día estaba diluviando, así que el paseo en barca y los cientos de escalones que tuvimos que subir hasta llegar a la principal pagoda tuvieron menos gracia. Aunque al llegar, mereció la pena.

Al día siguiente salimos rumbo a Ninh Binh, a una hora y media de Hanoi, donde se encuentran las cuevas de Tam Coc (la traducción sería “tres cuevas”). Paisajes impresionantes que recorrer en un río que transcurre entre montañas y atravesando cuevas; muy parecido a lo que nos encontraríamos en la Bahía de Halong, pero en el interior.

Halong queda un poco más lejos de Hanoi, así que optamos por la opción de pasar dos días en un barco recorriendo la bahía. Si ya nos había parecido impresionante Tam Coc, Halong te deja sin palabras: Patrimonio de la Humanidad, y una de las Siete Maravillas del Mundo desde 2011, dice la leyenda que para luchar contra la invasión china, un emperador envió a sus dragones, que escupían joyas, las cuales se convirtieron en las islas e islotes que hoy conocemos, unidos para formar una muralla frente a los invasores.

Tras dos días dedicados a haraganear en Halong, donde tomamos el sol en el barco, nos dimos un chapuzón en el mar, hicimos kayak, visitamos cuevas, y hasta nos dieron una clase de cocina, como buenos guiris, volamos rumbo a Hue, en la parte central de Vietnam, conocida como la ciudad imperial, donde visitamos los restos de la Ciudadela y varias tumbas imperiales.

La lluvia, que nos había dado un respiro en Halong, volvió a aparecer en Hue, desluciendo un poco la ciudad. Eso, añadido a los escandalosos precios para visitar cualquier lugar ahí, hicieron que Hue fuese el lugar que menos nos gustase del viaje.

Como no había mucho más que hacer en Hue, por la tarde compramos unos billetes de bus y al día siguiente, tras cuatro horas de bus y tres euros de billete, llegamos a Hoi An.

Hoi An es una pequeña ciudad costera, pesquera, y su casco viejo es patrimonio de la humanidad. Está muy bien conservada y es muy agradable de pasear, ya que apenas hay tráfico. En Hoi An habíamos decidido tirar la casa por la ventana y disfrutar de un hotel en la playa. Al menos uno de los dos días salió el sol y pudimos disfrutar del mar. El otro lo pasamos paseando por sus callecitas y conociendo la gastronomía local

La siguiente parada, y la última en Vietnam, fue Ho CHi Minh, o Saigón, como aún la siguen llamado a menudo. Con 9 millones de habitantes, es la ciudad más grande de Vietnam; y con más de dos millones de motos, es la ciudad con más motos del mundo.

Como habíamos decidido ir al Delta del Mekong al día siguiente, nos dedicamos a recorrer, mapa en mano, la ciudad por nuestra cuenta.

Y al día siguiente: madrugón, carretera y llegada al Delta del Mekong, donde embarcamos para recorrer los mercados flotantes y de paso, las inevitables tiendecitas de las que ningún guiri, por más empeño que le eche, puede evitar visitar.

Y como colofón, cena de despedida en el mercado de Ben Thanh, el más popular de Saigón. Este mercado, cierra sus puertas por la tarde y a continuación abre los puestos en la calle, junto con varios restaurantes. Sin proponérnoslo, una de las mejores cenas del viaje: paseando por allí, nos llegó el olorcito de este puesto, y nos dimos cuenta de lo hambrientos que estábamos

Así que nuestro último día en Vietnam, acabó con una cenita en plena calle, con señor pela-gambas incluido!

Al día siguiente, temprano, cogimos el vuelo que nos llevaría a Siem Reap, pero eso ya es otra historia… Para el que tenga el valor de ver todas las fotos, puede hacerlo pinchando aquí.

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