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De safari en Kaziranga

Abril14

Cuando tienes 5 días de puente por delante, ganas de estrenar el objetivo que te han traido los reyes, pero no quieres arruinarte viajando a África; no te queda otra opción que buscar un parque nacional más a mano. Y eso fue lo que hicimos.

Destino: Kaziranga. A tan solo 2800 km de casa, en la región de Assam. 5h de vuelo más 5h de coche. Un paseito. Y sin salir de India!

Sin embargo, pudimos disfrutar de varios safaris, en jeep, en barco, en elefante, acompañados por el dueño del hotel donde nos alojábamos, que resultó ser un apasionado de los safaris fotográficos, por lo que no pudimos tener mejor guía.

El Parque Nacional de Kaziranga alberga una población de más de mil rinocerontes, y es famoso por ser uno de los sitios donde se pueden observar más de cerca. También tiene grandes poblaciones de tigres de bengala, elefantes, ciervos y un sinfín de aves.

Durante tres días recorrimos el parque de arriba a abajo, siguiendo varias rutas, incluso en barco, y a lomos de un elefante al amanecer, lo que te permitía acercarte mucho más a los animales sin que estos se asustaran.

Fue una pena no ver ningún tigre, seguramente estuvimos en algún momento cerca de alguno, pero en muchos sitios la hierba era tan alta que llegaba a tapar casi un elefante, por lo que era imposible verlos.
Aunque, teniendo en cuenta lo que uno de ellos le hizo al guarda que nos acompañaba con el rifle en los safaris, casi mejor no habernos visto cara a cara con uno de ellos!

Y aquí el video

A pesar de que yo no tenía muy claro que me gustase la experiencia, he de decir que el tiempo se pasaba volando entre safari y safari, subiendo a las torres de observación, bajando del jeep y caminando cuando el camino estaba despejado, incluso tomando chai en medio del parque con nuestro guía y nuestro guarda.

Y creedme que el guarda con rifle es necesario! El cabeza de familia de este grupo de elefantes, sin ir más lejos, a quien cedimos amablemente el paso en el camino

decidió que estabamos demasiado cerca para su gusto, y tras una mirada de advertencia, como se ve en la foto, decidió darse la vuelta y correr hacia nosotros mientras barritaba

Toda una experiencia ver correr a un bicho de esas dimensiones hacia ti mientras estás de pie en un coche descubierto y parado! Sin embargo, seguimos enteros, lo que significa que el guarda reaccionó a tiempo de poner en marcha el jeep y salir pitando!

Y no sólo los elefantes tenían malas pulgas a veces, los rinocerontes también impresionan enfadados, aunque sólo nos cruzamos con uno de mal humor, el resto se encontraban tranquilos, más que acostumbrados a los turistas.

Además de los animales, pudimos disfrutar de un paisaje espectacular

e incluso disfrutamos de un poquito de frío, que eso siempre se agradece en este país!

Así que, quizás no hayamos visitado la sabana africana, pero como primer safari, no podía haber sido una experiencia mejor. Sólo nos ha faltado algún amigo que hubiera disfrutado como un crío aquí, así que cuando lo leas, ya sabes, si vienes repetimos!
Como siempre, todas las fotos aquí.

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Paseando por Dharavi

Junio4

Bombay es la ciudad de los contrastes. Es una de las ciudades más pobladas del mundo, y con uno de los índices más altos de pobreza. Aquí conviven los extremos; por sus calles pasean fortunas como las de Ambani o Mittal, y también personas anónimas, que habitan los slums más miserables la ciudad porque llegaron a Bombay creyendo en el sueño de Bollywood.

En una ciudad donde la mitad de sus habitantes viven bajo el umbral de la pobreza, Dharavi se erige como el otro Bombay, el menos conocido, el más representativo de la brecha social que aún persiste y, lo peor, que a nadie escandaliza demasiado.

Dharavi se hizo famoso gracias a Slumdog Millionaire, la película que mostró al mundo la vida en un slum. Fue muy criticada por “caer en los tópicos occidentales sobre la pobreza del país” e incluso fue acusada de hacer “pornografía de la pobreza”.

Dharavi, que comenzó siendo un barrio de pescadores, alberga ahora un millón de personas que viven y trabajan ahí. Más de 60.000 chabolas en un laberinto de callejuelas en las que a veces no cabe siquiera un rickshaw.

Paseando por Dharavi pudimos conocer de primera mano la gran industria que aquí se desarrolla, principalmente de reciclaje y reutilización de productos que desechamos diariamente, y que aquí se convierten en el sustento de familias enteras.

Aquí se recicla cualquier cosa que puedas imaginar. Los envases se clasifican y se preparan para separar el plástico de todo lo demás.

Una vez que el plástico está limpio de otras impurezas, se procesa hasta convertirlo en la fibra con la que rellenamos la mayoría de cojines que utilizamos.

Dharavi tiene todos los servicios que la gente necesita. Bares, peluquerías, venta de fruta y verdura, panaderías, escuelas… Eso sí, de una forma a la que no estamos acostumbrados.

Conocer Dharavi nos produjo sentimientos encontrados. Al principio sentimos que nuestra visita parecía un espectáculo para el que hubieramos pagado una entrada, y no nos apetecía demasiado participar del circo que creíamos que podríamos encontrarnos.

Sin embargo, tras caminar un rato por sus calles pudimos comprobar que resultabamos más curiosos nosotros a la gente que al revés. Todo el mundo fue amable, invitándonos a entrar en sus fábricas y a explicándonos sus negocios, y sobretodo, haciendo gala del carácter presumido de los indios, pidiéndonos posar en las fotos.

Eso sí, que a nadie se le olvide que Dharavi no es algo tan lejano como puede parecer. Y es que, quien quiera saber cual va a ser la nueva tendencia en moda al año que viene, sólo tiene que pasearse por una de estas fábricas para conocer la primicia.

Si la próxima vez que entremos en una tienda de marca y nos probemos unos vaqueros de 100€, logramos recordar que son aquí donde se fabrican, que sólo se distinguen por la etiqueta final que les cosen, y que la gente que lo fabrica, en unas condiciones de trabajo pésimas, necesita trabajar dos meses para ganar esos 100€, quizá entonces haya merecido del todo la pena este paseo por Dharavi.

Fin de semana en Varanasi y Sarnath

Mayo26

Hace mucho que no escribimos, así que ya va tocando actualizar el blog hablando de nuestro penúltimo viaje.
Dicen que si soportas Varanasi, soportas cualquier otro lugar de India. A nosotros incluso nos ha gustado. Es una ciudad impactante.

Aprovechando la visita de Margarita, Carmen y Ángela, nos escapamos un fin de semana con ellas hasta Varanasi. Nos encontramos directamente en el aeropuerto, ya que nosotros llegamos desde Bombay y ellas viajaban desde Delhi. El camino desde el aeropuerto hasta el hotel ya prometía un fin de semana intenso.

Varanasi es la ciudad sagrada por excelencia. Fundada hace miles de años, es un lugar de peregrinación para todos los hinduistas, ya que, según el hinduismo, todo aquel que muera en Varanasi (o a menos de 60km), queda liberado del ciclo de las reencarnaciones. Esto es lo que hace esta ciudad tan especial y tan impactante. Muchos enfermos y ancianos llegan diariamente a esta ciudad para pasar sus últimos días aquí, y las ceremonias de cremación a orillas del río son uno de los rituales más visitados.

Después de comer nos fuimos paseando hasta los ghats. Los ghats son una serie de escalones en la orilla del río que descienden hasta el agua. Allí la gente se prepara para la oración, los baños sagrados y las cremaciones.

El rio Ganges, o la madre Ganga, es el punto neurálgico de la ciudad. Fuera del Ganges y de los gahts, la ciudad es como tantas otras en India: un lugar donde miles de personas conviven entre el incesante tráfico, atascos y contaminación.

Llegamos a uno de los muchos ghats de la ciudad, donde compramos las cestas de flores para la ofrenda, y tomamos uno de los cientos de botes en el que comenzar el recorrido por el Ganges mientras nuestro guía nos explica el significado de todo lo que vamos viendo.

Mientras navegamos por el río recorriendo las orillas del Ganges, va anocheciendo, y poco a poco se encienden miles de luces en los ghats; empieza la ceremonia de Ganga Aarti en uno de los principales ghats, el Dasaswamedh.

Esta ceremonia, que se repite cada día a las 19h, es una ofrenda a la diosa Ganga, donde se combinan oraciones, cantos y la luz de las lámparas de los sacerdotes con una gran cantidad de incienso que lo cubre todo. Es curioso que los sacerdores recen hacia el río, y no cara a la gente que se agolpa detrás, en los escalones. Al fin y al cabo es una oración a la madre Ganga, y por tanto, es a ella a quien miran. Nos pareció una ceremonia muy auténtica, a pesar de todo.

Una vez acabada la ceremonia, la vida sigue en la ciudad y mientras muchos se preparan para ir a dormir, muchos otros celebran las cremaciones en los ghats. El guía nos va explicando los ritos funerarios mientras llegamos al ghat principal, Manikarnika. Allí se incineran miles de cuerpos al año. En cada cremación se utilizan entre 200 y 300 kg de leña. Al día siguiente comprobaremos que hay varios tipos de madera, dependiendo de las posibilidades económicas de la familia del fallecido. Junto con la madera se quema gran cantidad de incienso. Cada cremación dura unas 2 o 3 horas, pero no todo el cuerpo es consumido por las llamas, hay partes, como la cabeza, que no se queman completamente y, una vez agotada la leña y quemadas las dos terceras partes del cuerpo, el resto se echa al río… Y creedme que podemos confirmar que es así, ya que una de esas cabezas golpeó la barca donde nos econtrábamos. Yo intentaba prestar atención a lo que el guía nos decía, pero entre el olor dulzón de las hogueras y lo que encontrábamos flotando a nuestro alrededor, estaba mucho más preocupada pensando en qué pasaría si me caía al agua que en otra cosa!

También nos explicaron que no todo el mundo puede se incinerado. Las mujeres embarazadas, niños, leprosos y aquellos muertos por mordedura de cobra no pueden ser quemados, y por tanto, sus cuerpos son lanzados al río sin quemar. Un río que, según nuestro guía, estaba libre de bacterias y cuya agua corría pura por la ciudad de Varanasi!!

Al amanecer del día siguiente, nos dimos el madrugón para volver al río y contemplar otro de los importantes rituales de esta ciudad: los baños matutinos.

Bañarse en el Ganges purifica el cuerpo y el alma, por lo que desde que amanece, puedes encontrar en sus orillas a cientos de personas preparándose para este acto.

Es impactante observar a la gente lavándose en el río, sumergiéndose en la misma agua en la que flotan cientos de restos humanos, animales, y donde evacúan los colectores de aguas fecales sin ningún tipo de control, mientras se enorgullecen de que las aguas del Ganges son puras. He leído por ahí que en algunas partes del Ganges la concentración de bacterias es de 60.000 bacterias coliformes fecales por 100 mililitros, 120 veces el máximo recomendable incluso para el baño.

Pero no solo se bañan. La vida diaria de Varanasi se concentra en los ghats, y es ahí donde mucha gente vive, duerme, bebe, se lava, hace sus necesidades, come, medita, lava su ropa, mendiga y un largo etcétera.

Las vistas desde el río al amanecer son bastante bonitas

Mientras seguimos nuestro recorrido por el río observamos la realidad del Ganges, mientras que por la noche tiene algo de mágico, ver flotar restos humanos de día golpeando contra los cascos de las barcas tiene muy poco de sagrado.

Aún quedan restos de las hogueras de la noche anterior

Llegamos de nuevo a la zona de las cremaciones, y bajamos de la barca para adentrarnos en las callejuelas de Varanasi

Y tras volver al hotel para desayunar y coger fuerzas, dejamos Varanasi de lado para ir hasta Sarnath, ciudad cercana a Varanasi y una de las cunas del budismo, ya que aquí es donde Buda dio su primer sermón tras alcanzar la iluminación en Bodhgaya. El contraste entre ambas ciudades es brutal.


Es curioso como hasta en lugares más turísticos, seguimos llamando la atención. Esta familia le pidió a Jorge una foto, y aunque él no tenía muchas ganas, entre todos le animamos a posar con ellos.

En definitiva, dos días, dos ciudades, dos mundos diferentes. A menos de 20 km de distancia uno de otro. Una vez más hemos conocido esos contrastes que hacen India el país más colorido del mundo. Para el que tenga ganas de ver todo el álbum, puede pinchar aquí.

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